Tuesday, February 26, 2008

AMARÁS A JEHOVÁ TU DIOS

AMARÁS A JEHOVÁ TU DIOS

PALABRA / DEUTERONOMIO 6.1-13
V. CLAVE / DEUTERONOMIO 6: 4, 5
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.


A través de ésta palabra Dios nos muestra cuál es principal mandamiento: Amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas. Éste mensaje lo dio Moisés a los hijos de Israel cuando ya estaban por cruzar el río Jordán para llegar a la tierra de Canaán, la tierra prometida. Moisés no iba a poder cruzar el río para llegar a la tierra prometida, solamente la vería desde el otro lado del río. Así, cuando el pueblo de Israel iba a cruzar, Moisés quiso que tuvieran otra vez los mandamientos de Dios.

En el versículo 1 Moisés da la razón por la cual da ésas enseñanzas. Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; Moisés les vuelve a mostrar las enseñanzas de Dios para que las pongan en obra cuando estén en la tierra prometida. Moisés les dio la palabra de Dios, pero no solamente para que la escucharan y la conocieran, sino para que ellos las pusieran en obra.

El pueblo que estaba oyendo a Moisés en ése momento no era el mismo que había salido de la tierra de Egipto. La primera generación, los padres, vieron el gran poder de Dios con la que les había librado de las manos de Faraón. Pero ellos tenían mentalidad de esclavo. Cuando casi habían llegado a la tierra de Canaán, de los doce espías enviados, diez dieron noticias pesimistas, y dos dieron las noticias con fe en Dios. Pero por el carácter de esclavo, ellos solamente oyeron a los diez que dieron las noticias pesimistamente, y se quejaron contra Dios y contra Moisés de que morirían en el desierto. Por eso Dios se enojó contra ellos y les dijo que sucedería conforme a lo que ellos habían dicho, morirían en el desierto y no verían la tierra prometida. Solamente a Josué y Caleb, que tuvieron fe en Dios, les permitió vivir para pisar la tierra prometida. Ésta nueva generación que estaba delante de Moisés, a un paso de la tierra donde fluye leche y miel, era una generación que había nacido libre en el desierto. Ellos tenían la diferencia de que habían nacido libres, ellos no tenían la mentalidad de esclavo, y en el desierto fueron bien entrenados por Dios a través de suplirles todas las necesidades que reclamaban, y les había librado de varias batallas; sin embargo, ellos no habían podido ver con sus propios ojos el poder de Dios con el que libró al pueblo de las manos de Faraón. Ellos habían vivido humildemente, como peregrinos en el desierto. Pero ahora se encontraban a un paso de poder vivir una vida abundante en la tierra que Dios les había prometido que les daría. Pero por eso estaban en el peligro de caer ante las comodidades y otras muchas tentaciones que la prosperidad da. Por ello Moisés les dio otra vez todos los mandamientos, estatutos y enseñanzas de Dios, para que ellos no los olviden y los pongan por obra en la tierra prometida.

En nuestro tiempo también hay muchas tentaciones en el camino de la vida cristiana. Juan Buyan, en su libro El progreso del peregrino, describió bien estos obstáculos que se atraviesan en la vida. Los cristianos queremos llegar al reino de Dios, pero en nuestra travesía se atraviesan muchos que nos engañan, nos dan falsas promesas, nos intimidan o nos persiguen. A veces Satanás pone el tropiezo del ambiente de trabajo, del horario de trabajo o escuela, los amigos, la familia, la posibilidad de poder cumplir nuestros sueños personales. Cuando estamos en dificultad o en sencillez en nuestras vidas nos mantenemos luchando, pero cuando aparecen éstas tropiezos, podemos dudar del amor de Dios, caer en comodidad o simplemente olvidar a Dios. Pero quien persiste en la palabra y se mantiene fiel, éste puede llegar al reino de Dios. Oro porque cada día recuerde los mandamientos, las ordenanzas y las enseñanzas de mi Señor y las ponga en obra.

Así, Moisés les dijo primeramente: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” (v.4, 5) Dios les manda a amar a Dios. Éste es el primero y el principal mandamiento de entre todas. A demás de los Diez mandamientos, los israelitas habían recibido otras leyes más. Pero el la esencia de todas las leyes y el primero de todos los mandamientos es amar a Dios. Moisés quería que los israelitas conocieran la esencia de todas las leyes y mandamientos. Las leyes, mandamientos y estatutos eran muchas por lo que con facilidad podían olvidarlas. Pero si ellos conocían cuál era la esencia de todas ellas, entonces podrían recordarlas con facilidad. Aquí ‘oye’ es en hebreo ‘shema’ que quiere decir obedecer. Ellos debían aprender, meditar, aceptar y obedecer.

La esencia de los mandamientos es amar a Dios con todo mi corazón, y con toda mi alma, y con todas mis fuerzas. La esencia de los mandamientos de Dios no es darle a Dios dinero, tampoco una obediencia ciega, ni tampoco entregar nuestras vidas. La esencia de los mandamientos de Dios es amar a Dios. El amor es algo tan complejo de expresar que muchos poetas, novelistas, cuentistas, ensayistas, dramaturgos, compositores, intérpretes, pintores, escultores, en todas las artes y formas de ser del ser humano han tratado de expresar. Cada quien lo define de una manera o de otra. Podemos coincidir con algunos, pero siempre sentimos que falta algo más para que sea completo. Pero una cosa sí podemos estar seguros, el amor de los hombres es efímero. Dura un tiempo, pero tarde o temprano deja muchas heridas en nuestro interior.

Sin embargo, el amor de Dios es eterno, cálido, lleno de gozo y de paz. Es ése amor que los hombres realmente buscan, y es ése amor que llena verdaderamente nuestro deseo de amar y ser amado. Como en Dios encontramos éste verdadero amor, nosotros podemos estar dispuestos a entregar todo a Dios.

¿Por qué amamos a Dios? Primero, porque Dios es el único que merece recibir nuestro amor. En el versículo 4 dice: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Él es el Único Dios. Él es el Dios Creador que estuvo desde antes del tiempo y por el cual todas las cosas que son hechas fueron hechas. Él es quien maneja todas las cosas, el Dios soberano. Por él nosotros fuimos creados. En su amor fuimos concebidos, y por ése amor que él nos tiene hacia nosotros, también nos salvó de nuestra situación miserable en el pecado. Como dice en 1 Juan 4:9: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Por esto es que él merece todo nuestro amor.

Segundo, porque Dios es amor. En el mensaje M. Timoteo contó la historia sobre un niño que preparó un regalo para sus padres, pero se le rompió. Cuando el padre le vio, trató de consolarle, pero sus palabras eran duras, no comprendía el dolor de su hijo. Pero cuando la mamá habló con él, ella entendió perfectamente cómo se sentía el niño y le ayudó para que pudiera resolver ése problema. Dios también nos consuela, pero no nos da una consolación superficial. Dios nos muestra su amor y nos consuela a través de Jesucristo. En Hebreos 4:15, el autor declara: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Jesús padeció lo mismo que padecemos nosotros, y pero él venció todos los pecados y superó las debilidades. Por eso él nos comprende perfectamente bien, y también sabe cómo fortalecernos.

Hubo un tiempo en mi vida en el que yo estaba dispuesto a dejar todo y comenzar una vida nueva. Mi idea era dejar mi vida como pastor y comenzar una vida nueva como uno más en el mundo. Por causa del pecado de adulterio en el que caí con frecuencia, pensé que no merecía ser perdonado y no podría ser perdonado porque era más bien un estorbo para la obra de Dios. Pero en lugar de esto, Dios me mostró su amor a través de su palabra, diciéndome: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (Juan 8:11) Así, recordé el amor de mi Señor que dio su vida en la cruz por mí, y me limpió a mí de todos mis sucios pecados. Aún cuando no era merecedor de su gracia, y solamente merecía juicio y condenación, él me amó y me lavó de mis pecados hasta dejarme blanco como la nieve. En ése tiempo en el que estaba dispuesto a dejarlo todo y comenzar una vida nueva, Dios me hizo dejar mi hombre viejo y vivir una vida nueva en mi Señor Jesús. Por eso tengo la convicción de que él merece ser amado por mí. Dios solamente me pide que le ame. Dios no me pidió que le entregara mi vida, mi material o mi tiempo. Yo entrego éstas cosas voluntariamente a Dios porque yo le amo a él.

Ok. Dios nos pidió que le amemos. Pero, ¿cuánto debemos amarle? Dice el versículo 5: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Dios nos pide solamente una cosa: Amarle con todo nuestro corazón, alma y fuerzas. En nuestro corazón es donde residen los deseos y los sueños que tenemos. El alma es la personal, la forma de ser, nuestro carácter. Nuestra fuerza es aquello que nos impulsa a movernos y a hacer las cosas. Así, debemos amar a Dios con todo lo que tenemos.

Pero, ¿por qué es importante guardar los mandamientos, estatutos y ordenanzas de Dios antes de entrar a la tierra prometida? En los versículos 2 y 3 manifiesta claramente la razón de éstos mandamientos, estatutos y ordenanzas. Son para que recibamos bendición de Dios. Muchos piensan que la vida cristiana es muy limitada. Piensan en la Biblia y lo primero que viene a sus mentes son restricciones. Pero lo que ellos no saben que detrás de todo eso está el gran amor de Dios que quiere darnos sus bendiciones. Por eso en realidad la vida cristiana no es una vida limitada y restringida, sino todo lo contrario, es una vida llena de bendiciones y de gracia. Estas bendiciones son:

Primero, temer a Dios. A simple oír parecería que no es una gran bendición. Más bien parece una más de las restricciones para los cristianos. Sin embargo, temer a Dios se refiere a reconocer que Dios es santo y él es el Creador, y nosotros somos creación, viles pecadores que no son dignos de estar ante su presencia. Temer a Dios es reconocer su soberanía, su grandeza, y obedecerle. Esto es no vivir una vida falsa con una doble cara, sino vivir reconociendo que Dios está en todos lados y nos ve todo el tiempo. Es vivir delante de la presencia de Dios en todo momento.

Segundo, que nos vaya bien, tengamos larga vida y nos multipliquemos. Aquí habla de las bendiciones que podemos ver y palpar nosotros y todas las personas que nos rodean. Finalmente, si nosotros luchamos y perseveramos hasta el final, Dios nos va a llenar de bendiciones, porque para esto nos creó Dios, para que le amemos y él nos dé bendiciones.

Oro porque vivíamos temiendo a Dios y recibiendo las bendiciones de Dios. Oro porque amemos a Dios de todo nuestro corazón, de toda nuestra alma, y de todas nuestras fuerzas. Así, sea manifestado en nuestras vidas el temor de Dios y las bendiciones de Dios, hasta que los hombres del mundo puedan declararlo por ellos mismos viéndonos a nosotros.

Entonces, ¿cómo podemos mostrar éste amor hacia Dios? En el versículo 6, dice: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; Primero, debemos guardarlos en el corazón. Esto es esculpirlo en el corazón y recordarlo siempre. Los que aman a Dios, meditan en la palabra de Dios de día y de noche. Son como las vacas que rumean, aunque una vez comieron, vuelven a masticar la misma comida una y otra vez. Cuanto más meditamos en la palabra, podemos profundizar más en ella y Dios nos llena de sabiduría, él ilumina nuestro camino y nos da la victoria en nuestras vidas.

Segundo, debemos repetirlo a nuestros hijos, en nuestras casas, por el camino, al acostarnos y al levantarnos; debemos ponerlo en los postes de nuestras puertas, en nuestra frente y nuestras manos. Los que aman la palabra de Dios meditan en ella en todo momento, y comparten la palabra en todas partes y con todas las personas. Los que aman a Dios pueden controlar su conducta y sus pensamientos, porque todo lo que hacen lo quieren hace para agradar a Dios.

Oro porque yo ame verdaderamente a mi Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas. Muchas veces soy estorbado del amor de Dios porque dejo que a mi corazón entren mis propios deseos. Por causa de mi sueño de poder ser alguien destacado en alguna universidad o compañía, el no haber podido entrar a la maestría fue un gran peso en mi corazón. Tenía un gran sentimiento de fracaso. Veía a mis amigos que les iba bien, y me preguntaba a mí mismo qué era lo que había hecho yo hasta ahora. Pero éste año Dios me dio la palabra de amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas repetidas veces. Dios quiere que antes que cualquier cosa, yo ame a Dios. Entonces, pensando en el amor de Dios, me di cuenta de lo tonto que fui. Primero, mi deseo de lograr mi sueño estorbaba con dar gloria al nombre de Dios. Segundo, Dios quería que antes de salir de México tuviera el corazón de pastor para ser pionero en un Centro Universitario, así primero quiso entrenarme en CUAAD sirviendo en la tierra donde nadie había servido la palabra antes. Cuando amamos a Dios y hacemos las cosas con amor a Dios, no existe el fracaso. Cuando amamos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas, Dios también nos colma de bendiciones. Oro porque siempre recuerde ésta palabra, y desde que amanece hasta que anochezca, ame a Dios y medite en su palabra. Oro porque sin falta guarde mi tiempo de oración personal y de lectura de la Biblia. Y oro porque todas las cosas las haga buscando que Dios sea glorificado en mí. Oro porque entregue mis estudios de la maestría a Dios y que a través de ello él me pueda usar en su obra de Misión Mundial conforme a su sabiduría y conforme a su soberanía.

Oro porque todos nosotros seamos los hombres que aman a Dios. Oro porque le amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, y con todas nuestras fuerzas. Así, amando a Dios, también amemos su palabra y salgamos a predicar el evangelio de salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Oro porque primeramente en el CUAAD sea manifestado éste amor de Dios, estableciendo a los discípulos de Jesucristo; y oro porque así cada fraternidad sirva su tierra de misión, y Guadalajara sea un reino de sacerdotes y gente santa para todas las naciones.

Una palabra: Amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma, y con todas mis fuerzas.

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